Debo mi vida a una cámara de fotos. Soy de una generación que me ha enseñado a usar la tecnología de manera que sea algo inherente a nosotros, a nuestras vidas y a nuestro día a día.
Pero a pesar de ser algo tan... raro, ella nunca me abandona. Igual que la música. Y en los peores días de mi vida puedo usar la fotografía y mis instrumentos como vías de escape.
Ver la vida a través de un visor me ha enseñado que hay momentos que siempre vas a querer compartir, momentos que querrás enseñarle al mundo. El objetivo me enseñó la cercanía con las personas, y que si la vida se ve borrosa, algo falla. También que la vida tiene dos lados, dos caras; un perfil bueno y otro no tan bueno, y que la gente siempre se empeña en mostrar este último.