Algunos creen que ser negro se reduce al color. Estereotipos repetidos en televisión nos muestran al negro como un objeto de compasión.
Pateras, niños con moscas, desnutrición; el top manta, los trapicheos o la prostitución. Parece que la música es la única contribución del hombre negro a lo que llaman “civilización”.
Si un negro destaca es porque es una excepción. Un negro no es negro del todo cuando muestra educación. Un buen negro tiene como ambición trabajar en el campo, en el McDonalds o en la construcción de peón.
Tal vez debido a su educación, Janis Joplin siempre negó ser homosexual o bisexual, aunque por su cama era habitual que pasaran tanto hombres como mujeres.
Janis tuvo una gran cantidad de amantes, pero según la autobiografía “Scars of Sweet Paradise: The Life and Times of Janis Joplin”, escrita por Alice Echols en 1999, hubo una mujer que compartió más de una noche con la cantante y que llegó a ser su novia, eso sí, por un corto período de tiempo: “En 1963, Janis Joplin comenzó a frecuentar un nuevo club en San Francisco, y allí conoció a la que sería, junto con Linda Gottfried, la persona con la que compartiría más experiencias durante algún tiempo. Era una chica de raza negra llamada Jae Whitaker, gran amante del blues, como ella. Janis y Jae rápidamente se hicieron amantes”.